¿PARA QUÉ VINE A ESTE MUNDO?

 (x)    El día que nací, no tuve la convicción del preguntarme: !Porqué y para qué vine a este mundo!

Todo fue tan rápido y emocionante, que mis padres alborotados por tal acontecimiento celebraban con copa de champan en mano mi llegada.

Nunca imagine lo que iba a encontrar en mi camino, donde mi infancia comenzó muy pronto a implorar con ansias el hacerme mayor, y así, conocer mejor el desarrollo de este mundo; pero al despertar de mi niñez todo se me hacía triste, negro y feo, para mi poca capacidad de ver las cosas.  Aprendí a vivir bajo un gobierno  patriarcal qué dicta  leyes sin mesura, mientras disfrutan  de un poder de mando sin límites, lo que conlleva a la obligatoriedad de hacer todo lo que se les  venga en gana en ese tipo de gobierno machista. 

¡Poder que mi padre ejercía sobre la casa donde nacimos, con mis siete hermanos! De ahí, empecé a conocer muchas cosas que  a la par de mi crecimiento se fueron adhiriendo a mi «hermosa» existencia. –¡Lo  de «hermosa»  lo decían quienes me manipulaban desde mi entrada a este mundo!– 

Ahora, cuando ya han pasado muchos años de haber transitado por lugares que desarrollan  culturas con diferentes matices de enseñanza, anonadado me pregunto: Qué hubiese sido de mí, si no hubiese venido a éste mundo? 

Para mi era una pregunta difícil de contestar,  más intenté darme una respuesta tomando el sentido común a mi manera.  Primero: ¡Si esto hubiese sido así!… dije para mis adentros: No hubiese conocido el dolor del castigos injusto propinado por mi padre cada vez que le daba la gana; ni hubiese aprendido a decir mentiras, ni engañar a otros con la astucia que lo hacen y mil artimañas más que se usan entre jóvenes, adultos y veteranos con quienes me rodeé después de cumplir mis primeros quince años de edad en aquel entonces.   

Segundo: No me hubiese convertido en uno de ellos si no hubiera caído en manos de su grupo, cuando emancipé con tan solo aquella temprana edad; allí aprendí muchas de las artimañas que se tejen y manejan en este mundo, las que se iban inculcando a medida que avanzaba el tiempo de mi desarrollo como persona,  cuya mente desnutrida, a falta de  conocimiento tenía de la realidad.

Aunque mi padre me enseño valores a base de físico cuero, los recibí con mucha disciplina y entereza, aunque después fenecieron con mi desgracia al haberme separado de mis padres. Mi maduración a través del tiempo y mi lívido  razonamiento, se fue dando entre el alcohol y las múltiples peleas que se iban acrecentando cada día de mi  joven vida.

Mi rápida niñez pasó del maltrato paternal a la falta de cariño -de un padre que más velaba por su propia vida, que por la de los demás- para luego entrar a los años juveniles donde adquiría y ejecutaba aquellas nuevas formas de vida y por ende,  nuevas costumbres insanas que no valoraba para mi; pero a medida que iban surgiendo, también las iba aplicando a mi vivir. Metido entre el alcohol y  riñas callejeras me convertí en ser dispuesto y problemático, a la vez que un ¡presuntuoso de poder!  Ya que desarrollaba un carácter fuerte y predispuesto a cumplir lo que pensaba y decía; hasta que cumplí los primeros veinte y un año de infeliz vida.  Revolcado como los cerdos que absorben y devuelven malestar, incertidumbre y dolores de cabeza a mi santa madre, quien no vivía a mi lado, pero era informada de mis actos por amigos y conocidos.

Con veinte y dos años en aquel vivir de hombre fiero, me hizo analizar que  estamos tan obsesionados los seres humanos por estar sobre el margen de quienes no pueden valerse por si mismos y que a más, le declaramos la guerra a muerte, a los que subyugamos  y oprimimos deseos, sentimientos y emociones. Por decirlo de otra manera: nunca imaginé cómo hombre y con múltiples cualidades afectivas que habían en mi ser, que estuviese subyugado a lo inverosímil, a lo impropio y contrario a la razón de la naturaleza. Sin formas de expansión alguna hacía otras latitudes que nos pudiesen llevar a ser «mejores personas»,  «mejores amigos» y «mejores seres humanos». Y porqué supuse esto?,  porque hemos declinado ante la maldad del pensamiento perverso de unos cuantos que dominan a otros, que son menos favorecidos, de los cuales somos muchos y habitamos éste mundo; el que fuera en tiempos pasados un hermoso planeta. 

Se ha perdido el valor y la dignidad, por la eyaculación de malos actos y formas de vida que nos han embrutecido y con talante negativo más aun nos dejamos llevar por ese conducto; incapaces de detener una realidad que se va esfumando de los continentes, por culpa de nuestra miserable falta de coherencia con que sopesamos y hacemos las cosas; que en definitiva tenemos que determinar  culpabilidad para todos, por nuestro silencio y dejadez ante lo bárbaro y denigrante. Y  Porqué?   R/ Sencillamente tenemos miedo al qué dirán y al ataque a nuestros conceptos por los cuales opinamos.

Por otra parte, la razón parece habernos abandonado y trastornado sin piedad y con alevosía, porque renegamos del malo porque es malo, del bueno porque es bueno, entremezclándose  entre ambos bandos, otro que nos señala  con el dedo, como si él mismo tuviese dentro de su haber la «tétrica» razón para juzgar.  Pedimos cordura, pero luego no la participamos, exigimos justicia, pero tampoco la aportamos cuando alguien la necesita; estos son lo que van en contra de todo y de todos, buenos y malos, porque no hay «intermedios»  ¡¡Sus razonamientos son tan burdos e innecesarios, así como su misma existencia!!

Estamos atados a esa frivolidad humana que no nos importa si hacemos mal. Destruimos valores que el sentido común avala como necesarios para nuestra formación y desarrollo como persona; por ende, destruimos y seguimos tan campantes como si no hubiese pasado nada.  Mientras  se disfruta de poder y facilidad de palabra con la que estemos dotados y capacitados para inventar y crear, con lo que «jodemos» al que podamos y se deje. ¡Mientras los que menos que son muchos, callados y en silencio sopesando para nosotros mismos lo que nos aqueja!

¡Pobre mundo, pobre ser humano!  Seguro que si hubiese sido perro, gato o hasta burro, no sufriría por ese complejo metido en el fondo de la ignorancia; la que lleva a algunos grandes y poderosos a combatir a los demás, solo por que «creemos» tener esa autoridad desde que nacimos.  ¡Estamos tan equivocados y en vilo, porque no todo se arregla  con inventos destructivos que ponemos a la orden de destrucción de la misma raza humana!

¡Ahhh!  Pero concienciado de otra manera, si es que dejamos que nuestra conciencia tome «CONCIENCIA», se me ha dado la oportunidad de no ser perro, ni gato ni burro, si no, todo un ser humano dotado de sentimientos, facultades que nos hace grandes e inteligentes; seres «tripartitos: compuesto por cuerpo, alma y espíritu, lo que nos  llevaría a mirar las cosas desde otro ángulo diferente,  donde prime en primera instancia: la unidad fraternal, el respeto y la honra por los valores, y el sentido moral se comparta con devoción entre unos y otros. Que no rechacemos la mano tendida, ni despreciemos el saludo por la calle o al salir de casa por ninguna razón o causa, que los otros alcancen la misma altura deseada que anhelamos para nosotros y así podamos vivir en armonía.  ¡Que se puede se puede!

Que seres como tu y yo  que luchamos por una causa «justa y equitativa», también  los demás tengan esa misma oportunidad de vivir en este mundo y disfrutar la vida como seres humanos, ser  felices tanto pobres como ricos, blancos y negros, mestizos y no mestizos a convivir en armonía como un solo cuerpo que desarrolle amor de unos para con otros, así como ¡¡¡Cristo nos amó.!!!   Velando todos por todos, como Él mismo lo hiciera y anunciara antes de llegar a la cruz, para otorgarnos el perdón y la dicha de la felicidad eterna.  -Según los Evangelios-

Si la humanidad quisiera cambiar su ritmo de vida  y se dejase sentir  accionando la unidad de los pueblos, seguro que levantaríamos banderas de victoria, pues es lo que verdaderamente necesitamos para un buen vivir;  y mayormente, si le diéramos la oportunidad a ¡¡¡Cristo !!! de gobernar y guiar nuestra vida, no seríamos los incapaces para alcanzar la concordia de los pueblos, sino todo lo contrario, seriamos  «vencedores  del orgullo, la vanidad y del desprecio con que nos separamos de los demás.

Ahora comprendo porqué y para qué vine a este mundo. No hay otra opción más que para comunicar  los valores que nos hacen iguales y no nos destruyen, compartimos el saludo, damos la mano y estrechamos los cuerpos como uno solo en fraternidad. Hacemos reír, no llorar y si compartimos el pan de nuestra mesa con el que tiene hambre, no le decimos «valla y rebusque donde otros tienen más». ¡¡¡CRISTO fue un ser que vino a darse a todos, sufriendo por todos, para que todos hiciésemos lo mismo.  ¡Santos Evangelios, los que invito escudriñar para conocimiento propio!

¡¡¡PARA ESO HE VENIDO A ESTE MUNDO!!!      

                                                                                       Amigos… ¡¡¡Con mucho amor y respeto!!!                                                                                                                    

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *