-DIOS NO DESTRUYE, EL HOMBRE DESTRUYE-

REFLEXIÓN

Estamos viviendo una época de incertidumbre y miedo, vetados por los acontecimientos que está provocando el ya famoso Covi 19 quien destruye vidas, deja huérfanos y viudas en estado lamentables, así como a trabajadores de cualquier índole en banca rota y sin manera de sostenerse por sus propios medios. Y aún así, viendo lo que vemos, no digerimos, y tampoco nos damos cuenta del momento en que vivimos; todo, por falta de conexión  con aquel, en quien debíamos haberle puesto nuestra atención; amigos, han llegado el «tiempo del fin del gobierno humano».  Algo que ignoramos muchos de los mortales viene ahora y abre paso a lo desconocido para muchos, los que sigamos pegados a nuestra falta de conciencia, y no reconozcamos aquel, quien dirige el mundo desde lo más alto de nuestro alcance. Muchos se acuerdan de un Dios en los cielos, pero no buscan conocerle a fondo. Se han dejado llevar por las inventivas del fabricador de males, quien aleja a quienes han caído en sus garras, dejándose  moldear por el engaño y la mentira.

Otros, creyentes a medias de ese gran  Dios todopoderoso, lo confiesan sin conocerle de verdad,  y a veces entre muelas, otros claman con urgencia y a veces hasta con llanto; pero no reconocen que la culpa de todo lo que vemos y está pasando en el mundo, es por causa de nuestro propio pecado, nuestra mala manera de vivir y comportarnos, es eso, lo que nos hace merecedores de todo lo que nos haga sufrir y lamentar, cuando se avecina los castigos.

Tenemos cerrados los ojos, e intuimos que esto pasara pronto porque somos muchos y “unidos podemos vencerlo” -según grita las multitudes- al tiempo que le pedimos solución a los entendidos de este mundo; mientras nos alejamos más de Él, del que todo lo puede, y quien es único con poder para  librarnos de este flagelo que se lleva gran parte de la humanidad! Y muchas más flagelos que están golpeando por los  alrededores del mundo en que vivimos.

Estamos lejos de conocer los aconteceres que vendrán sobre los que caminamos por el mundo; lejos, porque nuestro pensamiento esta en vivir la vida a todas nuestras anchas y disfrutar de todo lo que nos venga a mano; pero lejos de visualizar una verdad clara y concisa: Que DIOS no destruirá al hombre,” porque el hombre mismo es quien se encarga de trastornarlo todo.

Es él mismo ser humano quien traerá las malas consecuencias a su condescendencia, él, es el causante de los virus y la destrucción que se avecina.  Y dice aún: ¿Qué culpa tenemos nosotros?

Pues, para que sepamos, toda la culpa es nuestra; somos  portadores de calamidad y a la vez de vergüenza para con nosotros mismos, somos inventores de mentiras y enviamos maldad y engaño por doquier y, con nuestros malos pensamientos y actos pecaminosos, o sea, con este desorden mental que habita en las nuevas generaciones, y por ende que acaparamos las viejas generaciones; alejamos de nuestras vidas la presencia de DIOS. Y  no vale buscarlo a través de la idolatría a imágenes, quienes tienen boca mas no hablan, ojos tienen y no ven; semejante a ellos son los que los cargan y confían en las mentiras y engaños de la religión popular.

Con toda esa ironía es con la que navegamos por este que pudo ser un maravilloso mundo;  y con el desconocimiento de la verdad sobre Jesucristo, estamos destruyendo lo que fue echo para un deleite sano, dentro de la normativa divina, Nos lo estamos cargando con nuestras equivocaciones, inventos sórdidos que a la par creamos con maldad día tras día.

Y aun así, tenemos el coraje de gritar al aire libre diciendo:  ¡Dios no nos ayuda y se hace el sordo cuando le clamamos! Mientras que los sordos por omisión  y conducta somos los humanos, al no querer escuchar el verdadero mensaje de Jesucristo.

¿Y cuál es ese verdadero mensaje?

Se haya en los Evangelios, en las cartas de los Apóstoles y en los Profetas; Lo que si con  nuestra mente interior, quisiéramos reconocerlo como ¡¡el Señor de nuestra vida!! Él nos daría la sabiduría necesaria para conocer los tiempos y las sazones y vivir la vida en un mundo más placido y con esperanza.

Pero nuestro mal formado proceder y nuestras desquiciadas mentiras y aun por desconocerlo en las áreas de nuestra vida; por ello nos ha “llamado”  a mirar lo que dicen algunos profetas bíblicos.

Por ejemplo: el profeta (Jeremías 6:26) Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras; porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.  

Y Ezequiel 21:31 dice: “Y derramaré sobre ti mi ira; el fuego de mi enojo haré encender sobre ti; y te entregaré en manos de hombres temerarios, artífices de destrucción”. 

Jeremías 22:7 dice: “Prepararé contra ti destruidores, cada uno con sus armas, y cortarán tus cedros escogidos y los echarán en el fuego”. 

(Ezequiel 9:1) dice “Clamó en mis oídos gran voz, diciendo: los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir”.  

Después de consultar estos textos de la Biblia, la cual ignoramos por desconocimiento, no nos queda más que esperar, y arrepentirnos de nuestras maldades, pero, sin jugar con las alternativas que declaremos, y mucho menos con aquel que puede deshacer los cielos y la tierra con una sola palabra.

Pues su gran misericordia es para con aquellos que se acercan reconociéndole como su “Señor, Salvador y Rey,” para quienes tiene palabras de perdón para acogernos en sus brazos. Es como el Padre que ama a su hijo y lo castiga por algo mal hecho y luego de aquel reconocer su error;  El padre, tiene  compasión y perdona, así mismo nuestro salvador nos brinda todo su cariño y perdón. ¡Basta que nos comportemos como verdaderos hijos y nos apartemos del mal!.

Dice el evangelista Juan 6:37: Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y el que a mí viene, no le echo fuera (40) Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Y Juan 3:16 concluye diciendo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna.

Es hora de abrir nuestros sentidos y ponerlos al servicio de Dios con fe y esperanza, que pase lo que pase, él estará con nosotros hasta el fin para darnos esa vida eterna que nos ha prometido.

Apocalipsis 3.20 dice de la siguiente manera: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenará con él, y él conmigo.

Si desprecias la oportunidad y no despiertas de tu largo sueño, recuerda lo que dice en (Mateo 3: 10): Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego

AMIGO (A) ¡¡¡No es Dios el que acaba destruyéndolo todo, eres tu y yo con nuestras desobediencias y malos comportamientos, y desechándole  a Él,  «AÚN» de nuestro diario vivir y duros corazones.

                                                                                              

                                                                                                                                                                                                 Con mucho amor

                                                                                                                                                                                                  ¡¡¡Cristo te ama!!!

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