«Érase una tarde de colores pardos y rosadas estelas, imaginadas flores de tercio pelo colgando entre ramas.»
El sol de aquel verano resplandeciente, otorgaba a la visión de aquellos fieles caminantes una imagen tendida sobre una ancha y lisa piedra, quien, sobre la silenciosa falda del inquietante y mudo abismo, a estado a punto de caer en la inmensidad de su altura; una hermosa muñeca de cabellos largos y brillantes como el sol del mediodía.
Descansaba placida sobre el regazo de la enorme roca, la que, junto al borde del abismo, parecía danzar con ágil osadía, mientras que mis ojos por el fuerte sol que encandilaba lo percibía.
Al acercarme y observar su rostro flagelado por el aire que circula por los alrededores, intuí ver que sus labios se movían; así, como besando en sueños a su príncipe azul quizás imaginado. Me acerque a mirarla invadido por la curiosidad de lo que al frente se hallaba, mientras mi alma se aferraba a su encanto y a su gran valentía; esto hiso formularme una pregunta: !!!Quién podría haberla abandonado a su entera desgracia, sucia y raída por el uso externo que a lo mejor su antigua dueña daría!!!
Me acerque silencioso, la tomé suavemente con pasiva «locura», mientras pensaba en mi pequeña hija de siete años. La tomé en mis gruesas pero cálidas manos, llenas de amor la lleve a casa a ducharla con agua tibia y limpia; al tiempo que perfumando su cuerpo le vestía con abrigos de melancolía. Luego, la llevé al cuarto donde mi pequeña hija aquella noche dormía, descansando de su «juerga» rutinaria del cada día.
Al acercarme, acaricie el cabello suave y limpio de la muñeca, emulando quizás la sonrisa de aquella niña en cuyos brazos muchas veces habría dormido. La coloqué justo al lado de la almohada donde mi pequeña dulzura dormía, y así dormirían juntas haciéndose compañía.
Al despertar mi pequeña y ver quien a su lado estaba haciéndole compañía, se levanto de un salto emocionada, para salir corriendo a mi cuarto y a grito abierto gritar emocionada: ¡Papá, papá!… ¡Esta es la muñeca que yo quería… y que en las tiendas no conseguías!
Mi corazón con cierta pena por tan poco regalo, accionó mi rostro, emocionado y lleno de una inmensa alegría, intuí saber que al final el sueño de mi hija en «realidad» se convertía: ¡Tener su muñeca preferida entre sus pequeños brazos, era evidenciar el amor justo con su mayor alegría. A la par de que aquella y en peligro de extinción, salve con sobrada «osadía» para cumplir con satisfacción el deseo de mi pequeña fortuna.
Lloré de gratitud ante la luz «Divina» dando gracias al cielo por haber encontrado en lo recóndito del mundo, a quien de veras feliz hacía a mi preciosa criatura. Mientras tanto ella, aferraba sus brazos alrededor del pequeño cuerpo de plástico mirándole con una inmensa ternura, como diciendo a su vez: ¡Gracias papá por tan precioso regalo!
(Moraleja) ¡¡¡No hay mejor regalo que aquel que inunda tus ojos de llanto y alegría!!! ¡El mundo está lleno de valores escondidos, que aunque no se vean, ni se compartan por doquiera; siempre encontraremos por el camino a alguien que endulza nuestras vidas, llenando el corazón de vivas añoranzas que dan vida. Recuerda… ¡JESÚS TE AMA! Él recorre caminos en busca de quien llenar su corazón de vida y eterna alegría!
– Jairo J. Márquez Navarro-
