¡LA SUERTE LLEGÓ UNA MAÑANA! Al despertar cierto madrugada, Adrián abrió sus ojos para ver sobre su mesa de noche el quinto de lotería que había comprado el día anterior, lo observó por unos instantes y salió hacía la cocina a prepararse una taza de café. ¡Sorpresa! El deposito del soluble estaba vacío.
¡Sentía pena! -pena de si mismo- Ahora le tocaba salir a la cafetería para cumplir con su deseo de saborear ese delicioso fruto que consume a diario.
Pidió a la camarera que le pasara el periódico, las noticias de la mañana siempre trae buenas nuevas, las repasó mientras absorbía a pequeños sorbos el delicioso producto mañanero.
Al mirar la pagina principal -cosa que hace de último, pues siempre comienza por el final del periódico, notó en primera plana un enorme número en color negro azabache; el mismo tono de la delicia que degustaba. ¡Lo observó con ojos desorbitados mientras apuraba el líquido agradable y regresar a casa!
Se acercó a la mesa de noche, con manos temblorosas tomó el pequeño pero flamante rectángulo de papel, absorto contemplo sus números al tiempo que su mente paseaba las alturas. Imaginaba muchas cosas, más a la vez, no podía creer lo qué sus ojos veían. Al cabo de unos segundos gritó emocionado… ¡SOY MILLONARIO!
¡SI! Millonario de verdad; le había apuntado a la suerte y ésta le sonreía. Salió a la calle, tomó el coche y se apresuró en dirigirse a la oficina de pagos de la lotería. ¡Otra sorpresa le esperaba! ¡Ya le habían depositado el dinero en su cuenta bancaria! Corrió al banco, el director le esperaba con una sonrisa en su rostro de oreja a oreja, lleno de satisfacción se colocó en pie y en tono agradable le dice: ¡Ya hemos invertido el dinero en la compra de la «CIUDAD ENCANTADA» la cual usted nos dio orden de comprar!… ¡Aquí tiene sus llaves!
Salió de nuevo a la calle para recrear su rostro a la luz del día, respirar el aire fresco de la mañana y gozarse con un mundo qué recorría calles con afanes y penurias, las que se veían por los alrededores.
¡GRITÓ a los cuatro vientos: Mundo… soy vuestra ayuda y puedo satisfacer vuestras necesidades de momento!
Al escuchar sus palabras aquel mundo se abalanzó sobre él, agradecido por sus ofrecimientos que de palabra les hacía. Gritaban: ¡Gracias, gracias, tu eres nuestra esperanza! ¡Él era su esperanza! Los invitó a casa otro día y se despidió con abrazos. ¡Un pueblo desquebrajado por las necesidades comunes sonreía de felicidad!
¡Allá los espero! Dijo retornando por el camino hacía su dulce hogar.
Al llegar, abrió la puerta, se dirigió al viejo sillón que su abuelo usaba para descansar y el cual permanecía abandonado en el rincón de la vieja casona, desde allí el viejo pedía a su madre una taza del café de su tierra natal; con gran ilusión recostó su cuerpo a todas sus anchas y se profundizó en un sueño reconciliador y de esperanza entre los viejos cojines apolillados y rancios por la vejez.
Mientras dormía plácidamente, soñaba que era pobre y no tenía nada que comer. Lo único qué en su alacena se encontraba era un poco de café «tostado» esa delicia soluble del café colombiano que su padre solía tostar en el patio de la casa donde se había criado. Preparó una taza mientras pensaba en un trabajo con el cual pudiese ganar para su sustento o al menos salir de tanta pobreza.
De pronto, escucha que alguien golpea la puerta… era su vieja del alma. Traía en sus manos débiles y arrugadas una taza de café humeante, al tiempo que decía: ¡Levántate perezoso y toma esto para que te vayas a trabajar. Lo recibió con cariño mientras aquella anciana madre seguía parafraseando la vieja frase que dice: ¡¡¡PORQUÉ DE SUEÑOS NO SE VIVE!!! hijo.
En ese mismo instante despertó, el mundo se le vino encima cómo alerón embrutecido; Se dio cuenta qué su gran riqueza había sido tan solo un sueño de delirios y grandeza. Ahora, perdida la esperanza de ayudar a su pueblo, aquel, que como muchos, tiene que arañar el saco vacío para poder comer las míseras virusas que pueda sacarle; mientras los adinerados se ríen de la vida de ellos, los pobres, con alevosía y desparpajo.
Amigos, amigas: ¡¡¡SOÑAR NO CUESTA NADA; PERO DE SUEÑOS NO SE VIVE!!! ¡Hay que trabajar!
(Una historia real en muchos soñadores a quienes emociona al «ego» mientras duerme, al despertar … dígalo Usted, ¡que sentiría!)
Jairo M N
