El niño entretenido camina de la mano de su padre, mientras mira al cielo su mente piensa y dice para si mismo: ¡Que bonito se ve el cielo! luego mira a su padre y le pregunta:
… ¡Papá!… mirando desde aquí el cielo, es muy bonito ¿Verdad? Antes de recibir respuesta a su pregunta sigue diciendo: ¡Quisiera estar allá!
… ¡Papá!… ¿Será que mirando desde el cielo a la tierra se verá igual de bonito?
El padre pensativo contempla la belleza del firmamento en su estado puro color azul.
La pregunta de su pequeño le hace cavilar en una respuesta justa, y para no engañar al pequeño responde de la siguiente manera:
…¡Hijo, el cielo siempre será bonito, está limpio y lleno de colorido. Muchas de sus tardes salen arreboles y lo hermosea aun más. La tierra también debe verse bonita y hermosa porque ha sido hecha con el mismo gusto que el cielo; solo que una sombra oscura muy enorme la cubre, haciéndole perder su belleza!
El niño agradado con la respuesta de su padre declara:
… ¡Me gustaría ver la tierra desde el cielo!. ¿Puedes llevarme? ¡Yo quiero quitar esa sombra de la tierra que le hace ser fea!
El padre temiendo dar una respuesta incorrecta lo toma de la mano y le sonríe, le acaricia el cabello jugueteando con el, mientras le invita a un helado. El niño acepta la invitación y contento toma su mano y se dirigen a la heladería.
La historia parece inconclusa pero no lo es; si la miramos desde el punto de vista más ameno y benevolente al sentimiento humano.
Creo en un principio fundamental de la era humana; todos, grandes y chicos, tenemos derecho a disfrutar de todos y cada uno de los estados de desarrollo que nos otorga la vida. La inocencia, es la primera «etapa» en la que despertamos entre juegos y mimos que nos atraen y edifican, para luego seguir una rutina que nos favorece como tal, y al paso de nuestra comprensión.
No estaría por demás decir que cada estado en la vida del ser humano, es un descubrimiento nuevo: que atrae, enseña y edifica; lo que indica que la infancia es tan importante en el ser humano, así como lo es la juventud y la edad madura en todos los tiempos.
Cuando empezamos a valorar el despertar al amor, al sexo y a la vida, hacemos una combinación de todo aquello a lo cual pertenece cada momento; porque nos habilita como seres humanos para recrearnos con la vida misma que estamos descubriendo.
Si hacemos desaparecer del razonamiento humano aquellos principios que se han valorado a través del tiempo y las edades, para re direccionarlos por otro camino por un capricho o concepto humano cualquiera que sea y sin sentido ni fundamento alguno; es «retrógrado» y caeremos de una realidad que ha sido tangible para todas las antiguas generaciones y podría serlo también para las nuevas generaciones. ¿PORQUE NO?
Cambiar el fundamento divino hecho con Sabiduría; por un concepto humano imperfecto, nos hace más imperfectos aun todavía, devolviéndonos a la era del hombre de las cavernas y del mazo en la mano.
¡Quizás no lleguemos a eso!; pero si desprestigiamos las buenas conductas y cambiamos la buena marcha que nos edifica como seres humanos; estaremos más que perdidos en el horizonte de nuestra realidad.
<Cuando reconocemos el error, entonces viene el arrepentimiento>
Y nos preguntamos: ¿PORQUE NO RAZONAMOS A TIEMPO? ¡¡Ahí queda la pregunta!!
Aparte de mutilar el concepto y el propósito divino y eterno, nos enfrascamos en la desigualdad del pensamiento; lo que nos hace alejarnos de la comprensión y el entendimiento. Nunca llegaremos a la unificación del pensamiento mientras sí, seguimos distorsionados por LOS CAMINOS DE LA VIDA, por nuestro enfermedad: el»ego»
Millones de personas a través de miles de años transcurridos hemos tenido la oportunidad de disfrutar de ese pequeño lapso de la vida, y lo recordamos con añoranza en nuestras historias para nuestras nuevas generaciones de hijos, nietos y demás.
Una humilde apreciación.
