La muñeca que hacía soñar

Érase una tarde de colores pardos y rosadas estelas, imaginadas flores de terciopelo colgando entre ramas. El sol del verano resplandeciendo sobre la falda del inquietante abismo silencioso y mudo, mientras al borde tendida sobre una ancha y lisa piedra y a punto de caer en la inmensidad de su altura una hermosa muñeca de cabellos largos, brillantes como el sol del mediodía.

Descansaba plácida sobre el regazo de la enorme roca, cual al borde de la orilla parecía danzar con ágil osadía, o así mis ojos frente  al sol lo veían.

Al acercarme y observar su rostro flagelado por el aire intuí ver que sus labios se movían, como besando en sueños a su príncipe azul quizás imaginado. La mire de cerca invadido por la curiosidad de lo que veía, mientras mi alma se aferraba a su encanto y a su gran valentía, preguntándome luego ¿quién podría haberla abandonado a su entera desgracia, sucia y raída?

La tome con pasiva locura, con manos cálidas llenas de alegría, la lleve a casa, la duche en agua limpia y tibia, vistiendo su cuerpo con abrigos de melancolía, para luego llevarla al cuarto donde mi pequeña hija aquella noche dormía.

Acaricie su cabello limpio… limpio como la sonrisa de aquella niña en cuyos brazos quizás muchas veces había dormido, y la coloque al lado de su almohada para que durmiera junto a mi «flor de azalea».

Al despertar mi pequeña flor y ver quien a su lado estaba haciéndole compañía se levantó emocionada y corriendo a mi cuarto a grito abierto decía: Papá, papá… ¡Esta es la muñeca que yo anhelaba, y que aún en las tiendas no conseguías!

Mi corazón con pena, pero también emocionado y lleno de una inmensa alegría, por saber que al final el sueño de mi hija en «realidad» se convertía. ¡Tener su muñeca preferida entre sus pequeños brazos, era evidenciar su amor, justo con su mayor alegría! A la par de que aquella en peligro la salvé con osadía.

Lloré de gratitud ante la luz divina, dando gracias al cielo por haber encontrado en lo recóndito de la vida a quien de veras feliz hacía, a mi preciosa criatura.

(Moraleja) El mundo está lleno de valores escondidos, que aunque muchos no compartan sus delicias,  siempre encontraremos cosas en el camino que alegrarán nuestra vida. 

                                                                                                       www.jairo-marquez-n.es

7 comentarios en “La muñeca que hacía soñar”

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    1. Muchas gracias armandoleff por tu concepción de las cosas. Afortunadamente fue idea propia, sacada de varios conceptos que escuche, de ahí el resultado. Se que tengo que mejorar mucho, esto es apenas el comienzo. De nuevo gracias amigo.

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